Camino hacia la Independencia

Camino hacia la Independencia

fecha del articulo 28/01/2016

Muchos padres, sobre todo primerizos, se preguntan cómo desarrollar en el niño una independencia sana, que a su vez de cuenta de una autoestima adecuada reflejando un apego seguro, pues bien, lo primero que debemos tener claro es que lo que llamamos independencia, no es un logro que se adquiere de un día para otro, simplemente con la ejercitación de dejar a nuestros niños solos, intentando que sean ellos quienes resuelvan situaciones de manera autónoma, sino al contrario esto podría provocar incluso la situación inversa, es decir niños inseguros poco autónomos e incapaces de desenvolverse con confianza en el mundo que los rodea.

Como bien sabemos los niños transitan por diversas fases del desarrollo que los van preparando para un estadio de individuación y separación adecuado. Para que esto culmine favorablemente es necesario, en un comienzo, circular por etapas de dependencia absoluta hacia la figura de la madre o hacia quien cumpla con aquella función de maternaje, esta etapa también conocida como simbosis infantil, es aquella en donde la madre y el hijo poseen una relación dual, siendo la madre visualizada como quien provee la satisfacción absoluta a las necesidades del infante. Aproximadamente a los 5 meses de vida, el infante comienza a ver a la madre, como un ser independiente, lo que de a poco le permite independizarse levemente de ella, a través de la mirada y otros sentidos, de esta forma comienza a focalizar su atención en otros estímulos del mundo que se le presenta. Aproximadamente a los 9 meses comenzará a ejercitar su capacidad de separación, siendo capaz de alejarse por medio del gateo y volver a su madre o a quien cumple este rol cuando así lo necesite, disminuyendo de esta forma la dependencia corporal total hacia esta figura primordial. Es así como el infante en periodo de ejercitación se distancia en el espacio para tener oportunidad de explorar; necesitando ir y volver para encontrar a su madre disponible, pero sin que esta interfiera. 

Ya cercano a los dos años, el niño tiene plena conciencia de la existencia de la madre por separado pero a su vez posee una representación mental interna de ella, lo que le proporciona la tranquilidad de explorar el mundo con la confianza que su madre estará ahí en caso de que este la necesite. Por ende, si estas etapas han resultado existosas y se le ha permitido al niño/a una transición pausada y concordante con su desarrollo nos permitirá pensar en el desarrollo de un apego seguro, entendiendo este último como la formación de una confianza básica que le permite al menor desenvolverse de manera autónoma y día a día más independiente.

Es aquí la importancia de darles la oportunidad de experimientar, de equivocarse, de encontrar soluciones por sí mismos, de explorar y descubrir el mundo a su manera y no a la manera en la que nosotros se la queremos imponer, “dejar ser” a nuestros niños, como seres individuales, autónomos y día a día más independientes, gracias a la convicción y confianza absoluta de que cuentan con unos padres disponibles y capaces de satisfacer sus necesidades, y responder atingentemente en su ayuda.

Un apego seguro, no significa un exceso de protección, en donde no se permite la toma de riesgos, sino que al contrario significa dar paso a la independencia, permaneciendo presentes.